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Distrito Federal, Mexico
Mujer, mexicana, humana, despeinada, hambrienta, furiosa y feliz, bailarina ebria de fiestas infantiles y cumpleaños de desconocidos, cantante profesional de regadera. Hippie de clóset. Desterrada de los círculos intelectuales. Actriz por necesidad (no económica).

martes, 1 de julio de 2008

Él y el pan francés...

Había estado soñando con un hombre, sí, un hombre, con tarjeta IFE y salario fijo, había estado queriéndolo, anhelándolo; durmiendo y despertando con él... había estado queriéndolo.

Desde hace vaios días tengo antojo de pan francés, esa suave y pecaminosa mezcla de pan, mantequila y dulzura, y de no ser por la falta de ingredientes, lo hubiera preparado desde hace días. Hoy, después de decidir no desperdiciar mi tiempo y darme uno que otro pequeño gusto decidí prepararlo... temprano fui a la tienda para comprar el pan, lo traje con una sonrisa en el rostro mientras unos hombres en bicicleta me gritaban desde el otro lado de la acera: ¡Hermosa!

Llegando a casa, me dejé caer sobre un amable sillón verde, viendo el techo mientras en algún lugar de la casa sonaba una canción de amor -que bien se siente- pensaba, al terminar los coros románticos me dirijí a buscar esas bolsas de canela melancólica que dejé después de la última cena de pan francés, no estaban, alguien lasa tiró pensando que no servían, nadie les preguntó si esperaban algo, o a alguien.

Salí de nuevo a la calle que ahora dominaba la lluvia, con la intención de conocer de nuevo a otras vbolsas de canela, fue tan fresco, tardé media hora en recorrer media cuadra, las gotas frías me decían: Quédate, quédate con nosotras, este julio no es lo mismo sin tí. Me hablaron tanto, que olvidé a que iba, me quedé ahí hasta que la lluvia cesó, luego, fuí por la canela.

Llegando a la casa, y segura de que esa barra de manteuilla que anoche dejé escondida entre alguna envoltura en el refrigerador seguiría ahí, comencé a cocinar, y en el maldito momento en que abrí la puerta de éste, me topo con un vacío lleno de coraje, ¿quién se la ha llevado? Puse un disco, hice otras cosas en lo que conseguía dinero para la mantequilla. Subí a mi cuarto a relajarme, y después de media hora bajé, cuando encontré unas monedas prometedoras, la lluvia estaba mucho más fuerte, se amontonaba y gritaba por las ventanas y en las paredes. Cuando abrí la puerta, bajo esta lluvia, estaba él, el hombre, mojado y acurrucado contra la puerta, mi sorpresa no se hizo esperar, lo abracé y lo hice pasar, para besarlo para seguirlo queriendo. Después de muchos besos y miradas me acompañó a cruzar el río de la calle para comprar la ausente mantequilla de mi receta, caminamos juntos como locos, mirándonos como si nadie más nos mirara, nos besamos bajo la lluvia e hicimos de aquellas cosas que hacemos los enamorados.

Al llegar e intentar descubrir el último ingrediente para darme ese deseado placer, (dos huevos que dejé en el refrigerador la otra noche) recordé que habían sido cocinados antes, me rindo, al parecer hoy no debo de comer pan francés. Entonces, le dediqué unos momentos al objeto de mi cariño:

Platicamos, discutimos, lo celé, reí, grité, y nos hicimos daño... nos quedamos en un silencio ácido y eterno, ¿quién aguantaría más? Yo no, ¿qué pasa? "Me voy" me dijo, sin dejarme el beso garantía de que volvería.

Me quedé en la puerta, amargada, sola y medio mojada por la lluvia que seguía, ni siquiera quise ver como se iba, entré a la soledad amarilla de mi casa y, al mirar sobre la mesa de siempre, veo una bolsa con unos cuantos huevos.

Maldita sea, comencé a cocinar para no comenzar a llorar, no sabía si ponerle sal al pan con mis lágrimas o apuñalar el pan debido al coraje que sentía... cociné, una por una las rebanadas, y ahí

¡AL FIN
! Ese puto pan francés, que comí sola y con ganas de llorar.